Comisión en pleno trabajo
Chile hace estudios para instalar planta nuclear
En tiempos en que el calentamiento global se erige como la bestia contra la cual luchar, en nuestro país se hace cada vez más cercana la idea de generar energía con fuentes atómicas.
La necesidad de hacer estudios de factibilidad para instalar una planta que genere energía nuclear en nuestro país era una opción casi inexistente hace algunos años. Hoy eso es una realidad. El déficit energético y la “incapacidad” de generar electricidad de forma independiente en nuestro país han hecho que la opción atómica tome fuerza y logre instalarse en las discusiones de los políticos.
Por ello la presidenta Michelle Bachelet encargó el 13 de marzo de este año una comisión –denominada Zanelli (por Jorge Zanelli, físico nacional que actualmente trabaja en el Centro de Estudios Científicos, CECS), persona que preside la comisión- cuyo objetivo sería hacer estudios que den respuestas claras a la posibilidad de la instalación de una planta que genere energía para las industrias y hogares del país.
Lo cierto es que esto no les cayó muy bien a los ambientalistas criollos. La presidenta, en su campaña por el sillón gubernamental –en el 2005- prometió que una política energética de estas características no se materializaría, por lo menos en su gobierno que, recordemos, finaliza en marzo del 2010. Lo cierto es que aún se está en una etapa de análisis y no se ha asegurado nada; todo es un poco incierto.
Eso implica que, desde cierta perspectiva, Bachelet está cumpliendo con la palabra empeñada. Lo que sí se puede asegurar es que, en el caso de que se opte por la generación de energía obtenida de fuentes nucleares, el actual gobierno jamás vería instalada una estructura como la de Chernobyl –por cierto, con una tecnología de última generación-. Es una decisión que, de ser tomada a favor, vería la luz en unos 10 años.
Todo esto responde a una cuestión bien simple de analizar, pero difícil de solucionar. Es un hecho que nuestro país tiene una dependencia energética. Chile importa más del 90% del petróleo que utiliza. Grandes cantidades de gas usado en tierras chilenas proviene de Argentina, aunque este año hubo recortes de parte de la hermana patria. Además de ello, un gran porcentaje de la matriz energética es obtenida de plantas hidroeléctricas, grandes estructuras de cemento que cada vez están más presentes en la mente y discusiones de los chilenos.
Los políticos tradicionales de nuestro país –esos que tienen un puesto gracias a favores del gobierno de turno, o que se han ganado un lugar en el Congreso de forma “democrática”- reproducen discursos de otros colegas para afirmar que se hacen necesarias nuevas fuentes energéticas. Según muchos de ellos, una planta nuclear nos entregaría independencia. Lo cierto es que tales dichos no son más que falacias. Chile no posee grandes cantidades de uranio para poder generar energía. Eso implicaría tener que importarlo. ¿Alguien dijo independencia?
Comisión Zanelli
En octubre de este año la comisión Zanelli dio a luz el poco conocido estudio, que consta de 63 páginas. En la primera hoja del documento se puede leer lo siguiente: “Grupo de trabajo en núcleo-electricidad”. Eso en la parte superior. Luego dice: “La opción núcleo-eléctrica en Chile”. El documento hace explícita su falta de interés por “ser un veredicto final sobre la conveniencia de la opción de GNE” (Generación Núcleo-Eléctrica). También plantea que “corresponderá a la sociedad en su momento tomar la decisión” (…).
Otro punto interesante que aborda el documento es la escasez que habrá, en algunos años, de combustibles fósiles. Por ello se haría aún más importante buscar nuevas fuentes energéticas. Por otro lado, se pueden leer algunas proyecciones de demandas. “En los últimos 20 años, el consumo global de energía en Chile se ha expandido a una tasa anual en torno al 5,5%”. Esto es levemente superior a la tasa de crecimiento que muestra nuestra economía.
Y continúa: “En el mismo período, el aumento anual promedio del consumo de energía eléctrica ha sido de un 7,5% aproximadamente”. Considerando estas tasas, “el país ha debido duplicar su capacidad de suministro eléctrico aproximadamente cada 10 años”. En otras palabras, Chile va a necesitar mucha más energía en el futuro. El estudio también concluyó que, a pesar de los riesgos sísmicos existentes en nuestro país, no habría mayores problemas.
Si uno sigue analizando el texto, en la página 11 se encontrará con lo siguiente: “El componente principal del combustible de
un reactor es el uranio natural, metal bastante abundante en la corteza terrestre”. Luego se lee: “Las principales reservas conocidas y comercialmente explotables llegan a unas 4.700 toneladas en el mundo y se encuentran principalmente en Australia (24%), Kazakstán (17%) y Canadá (9%)”. Avanzando un par de palabras, uno se encuentra con la siguiente frase: “Chile posee yacimientos de uranio que actualmente no se explotan”.
Más adelante, en la página 13, se hace una breve descripción del funcionamiento de un reactor. Es importante tenerlo en consideración. “La GNE es una tecnología que permite transformar la energía contenida en la materia nuclear, por ejemplo mediante la ruptura (fisión) de núcleos atómicos, en energía eléctrica”.
Luego se lee: “Un reactor donde esta transformación tiene lugar es, esencialmente, un calentador de agua que produce vapor con el cual se puede mover la turbina. En el núcleo del reactor, se encuentra el combustible –en este caso el uranio- sumergido en agua, la que sirve al mismo tiempo para moderar la energía de los neutrones emitidos por la reacción en cadena, y para transferir el calor a la turbina”.
Algunos datos
En América Latina hay tres países que poseen tecnología para generar energía núcleo-eléctrica. Estos son México, Brasil y Argentina. El 5% de la energía generada en el país azteca proviene de la mencionada fuente nuclear. En Brasil la cifra es cercana al 3% y en la nación trasandina es de un 8%. En el norte del continente también están Canadá y los Estados Unidos, con un 15% y 19% respectivamente.
En Europa, el 40% de la electricidad proviene de fuentes atómicas. Los principales países del viejo mundo que participan de este porcentaje son Francia (79%), Alemania
(31%) e Inglaterra (25%). El país germano, en todo caso, ha optado por disminuir su cantidad de energía nuclear. Mientras tanto en Japón, casi el 30% de la electricidad es de origen nuclear. Rusia usa un 16% de energía proveniente de fuentes nucleares.
Hoy día existen 440 reactores en funcionamiento. Juntos entregan el 16% de la totalidad de energía que se genera en el planeta. Hay cerca de 30 más en construcción y un número similar en proyecto. Lo que está claro es que el uso de energía nuclear está en aumento. De hecho, el interés de nuestro país no es más que una manifestación clara de ello.
La vida útil de una central varía según la calidad de sus componentes, pero en general se habla de 50 años. A Chile, un país que estaría entrando recién al negocio, una central de 1.600 Mw le costaría 2.500 millones de dólares.
Análisis y alternativas
Algunos países no tienen dentro de sus fronteras otros tipos de recursos energéticos y por ello han optado por la generación de energía nuclear. El docente de la UACh Gustavo Rodríguez, arquitecto y doctor en energía y medio ambiente en la arquitectura dice que Chile “es el país que tiene mayores potencialidades geotérmicas en el mundo”, la energía de la tierra. Para él, esta ventaja debería aprovecharse. Esta es más limpia, pero en términos de capacidad tecnológica como para explotarla resulta ser un problema. En nuestro país hay “más de 3.000 volcanes activos”. En ese sentido, Chile es “uno de los países del mundo con mayor potencial geotérmico”, explica.
Agrega que, además, nuestro territorio tiene una de las radiaciones solar más altas del mundo, lo cual también entrega la posibilidad de generar energía solar. “En el desierto de Atacama se irradia energía los 365 días del año”, dice. Pero el gobierno prefiere optar por una tecnología externa y altamente contaminante. Según Rodríguez, “ningún país que produce energía atómica se queda con sus residuos. Éstos se van a enterrar al África”, comenta.
Desde esa perspectiva, el uso de energía atómica es poco ético. Esto lo afirma el docente del Instituto de Geociencias de la UACh (Universidad Austral de Chile), Dr. Carlos Oyarzún, para quien esto “implica dejarle a las generaciones futuras basura radioactiva” y para eso “no tenemos derecho a hacerlo. Los desechos radioactivos duran cientos de años”. Para Oyarzún, la opinión pública tendría que integrarse a la discusión. “Debiera haber una información más amplia” sobre el tema. Va más allá: “Incluso un referéndum por la importancia que tiene” el tema en cuestión. “Eso se hizo en Inglaterra y hubo un debate público”, explica.
Para él, acá en Chile “casi nadie puede opinar porque el gobierno no ha dado a conocer el documento que entregaron las organizaciones ambientalistas y el que ellos mismos encargaron”. Agrega que “las comunidades locales no tienen poder de decisión” y, además, “no se ven beneficiadas por este estilo de desarrollo energético” que lleva el país.
Oyarzún afirma que los grandes consumidores de energía son la minería y la industria. Ambos sectores en conjunto utilizan el 60% de la energía que se genera en el país. Las políticas energéticas “están encaminadas a satisfacer esa demanda”, afirma. Ejemplifica agregando que a “la décima primera región de Aisén la quieren convertir en la pila del país”. Respecto de políticas distintas de las que hoy existen, dice no creer en que el gobierno vaya a implementarlas. “Creo que el sistema energético sigue el camino del esquema económico. Eso define la matriz energética”, explica.
Oyarzún concuerda en que la existencia de políticas que impulsen el uso de energías alternativas sería algo positivo. “Se debiera impulsar el desarrollo de energías como la eólica o la solar”, comenta. Reconoce que “quizás podría ser más caro, desde el punto de vista económico. Las otras energías (convencionales) tienen externalidades ambientales”
Rodríguez también cuestiona las políticas energéticas de nuestro país. “Estamos dependiendo del gas argentino y del crudo proveniente de otras partes. La idea es independizarse. Chile siempre está dependiendo de un elemento externo”, afirma. Y complementa diciendo que en Chile “debieran haber políticas de eficiencia energética. El 60% de la energía que tenemos la desperdiciamos”. Estos datos están basados en un trabajo hecho por el académico Pedro Serrano de la Universidad Federico Santa María. Tomando datos estadísticos de la CNE (Comisión Nacional de Energía), Serrano llegó a la conclusión de que en nuestro país se hace “uso útil solamente del 37% de la energía, y que sus pérdidas alcanzan el 63%”.
Para Rodríguez, nuestro país debiera tener sistemas energéticos más autónomos. “Apostamos por la concentración”, explica. Entrega un ejemplo: “En Noruega se opta por una capacidad a nivel local. Hay más de 160 plantas energéticas dentro del territorio y no tengo 5 grandes represas”, como en Chile. “Eso significa que si una me falla, lo que se afecta es mucho menor”. En cambio en nuestra nación, si hay “una falla en el SIC (Sistema Interconectado Central), el país queda prácticamente sin energía”. Concluye que esto se debe a “una falta de planificación”.
Respecto de posibles accidentes, Rodríguez explica que “la tecnología nuclear está bastante avanzada”, por lo tanto “es muy remota la posibilidad de una falla como la de Chernobyl” ocurrido en la ex Unión Soviética en el año 1986. Afirma que los daños medioambientales son considerables. “El residuo nuclear tiene una duración de 50.000 años, generando un impacto radioactivo. El daño se produce más bien con lo que sobra”, comenta.
En la práctica el proceso es limpio y eficiente, pero los residuos que deja son los perjudiciales. Para Rodríguez “si pudiéramos hacer desaparecer los residuos no habría problema”. Rodríguez concluye diciendo que “hay muchas fuentes más limpias como la eólica, solar o mareomotriz. Los países nórdicos son los más desarrollados en energía solar y tienen una radiación inferior a la de Punta Arenas”, el lugar más austral del mundo.
Por su parte Miguel Salguedo, ingeniero en prevención de riesgos dice que “ahora no están las condiciones dadas” como para instalar una planta nuclear. Explica que “el uranio es un mineral sumamente peligroso y por lo tanto se necesitan medidas muy extremas”. Complementa que “el almacenamiento y sus procedimientos son muy complejos”, por lo tanto “habría que capacitar mucho personal antes de traer o trabajar con uranio”.
Salguedo tiene una visión similar a la de Rodríguez respecto de la posibilidad de generar energías alternativas. Explica que “hay bastantes opciones mejo
res y menos riesgosas y que son más ventajosas en términos de costo/beneficio, como la energía eólica, solar o geotérmica”. Estas serían menos peligrosas y más limpias en términos ambientales.
Por otra parte, Salguedo comenta que “la legislación tendría que cambiar” y, además, generar “medidas de seguridad pertinentes”. Hay una pregunta interesante que vale la pena hacer: Qué opción es mejor, ¿la energía nuclear o las represas en Aysén? Salguedo responde categóricamente que “ninguna de las dos, porque ambas generan un daño ambiental”. Respecto de la posibilidad de accidentes nucleares, responde que es posible porque “en las actividades humanas siempre hay un porcentaje de riesgo”.
La independencia energética es un argumento que suena fuerte. Salguedo pone en entredicho esta afirmación. En Chile igual “habría una dependencia por el hecho de tener que adquirir el uranio a un tercero”. Además el mineral “es un recurso no renovable”, por lo tanto “hay una existencia limitada de éste”. Concluye diciendo que “lo más coherente sería utilizar los paneles fotovoltaicos y así generar energía solar”.
Chile hace estudios para instalar planta nuclear
En tiempos en que el calentamiento global se erige como la bestia contra la cual luchar, en nuestro país se hace cada vez más cercana la idea de generar energía con fuentes atómicas.
La necesidad de hacer estudios de factibilidad para instalar una planta que genere energía nuclear en nuestro país era una opción casi inexistente hace algunos años. Hoy eso es una realidad. El déficit energético y la “incapacidad” de generar electricidad de forma independiente en nuestro país han hecho que la opción atómica tome fuerza y logre instalarse en las discusiones de los políticos.
Por ello la presidenta Michelle Bachelet encargó el 13 de marzo de este año una comisión –denominada Zanelli (por Jorge Zanelli, físico nacional que actualmente trabaja en el Centro de Estudios Científicos, CECS), persona que preside la comisión- cuyo objetivo sería hacer estudios que den respuestas claras a la posibilidad de la instalación de una planta que genere energía para las industrias y hogares del país.
Lo cierto es que esto no les cayó muy bien a los ambientalistas criollos. La presidenta, en su campaña por el sillón gubernamental –en el 2005- prometió que una política energética de estas características no se materializaría, por lo menos en su gobierno que, recordemos, finaliza en marzo del 2010. Lo cierto es que aún se está en una etapa de análisis y no se ha asegurado nada; todo es un poco incierto.
Eso implica que, desde cierta perspectiva, Bachelet está cumpliendo con la palabra empeñada. Lo que sí se puede asegurar es que, en el caso de que se opte por la generación de energía obtenida de fuentes nucleares, el actual gobierno jamás vería instalada una estructura como la de Chernobyl –por cierto, con una tecnología de última generación-. Es una decisión que, de ser tomada a favor, vería la luz en unos 10 años.
Todo esto responde a una cuestión bien simple de analizar, pero difícil de solucionar. Es un hecho que nuestro país tiene una dependencia energética. Chile importa más del 90% del petróleo que utiliza. Grandes cantidades de gas usado en tierras chilenas proviene de Argentina, aunque este año hubo recortes de parte de la hermana patria. Además de ello, un gran porcentaje de la matriz energética es obtenida de plantas hidroeléctricas, grandes estructuras de cemento que cada vez están más presentes en la mente y discusiones de los chilenos.
Los políticos tradicionales de nuestro país –esos que tienen un puesto gracias a favores del gobierno de turno, o que se han ganado un lugar en el Congreso de forma “democrática”- reproducen discursos de otros colegas para afirmar que se hacen necesarias nuevas fuentes energéticas. Según muchos de ellos, una planta nuclear nos entregaría independencia. Lo cierto es que tales dichos no son más que falacias. Chile no posee grandes cantidades de uranio para poder generar energía. Eso implicaría tener que importarlo. ¿Alguien dijo independencia?
Comisión Zanelli
En octubre de este año la comisión Zanelli dio a luz el poco conocido estudio, que consta de 63 páginas. En la primera hoja del documento se puede leer lo siguiente: “Grupo de trabajo en núcleo-electricidad”. Eso en la parte superior. Luego dice: “La opción núcleo-eléctrica en Chile”. El documento hace explícita su falta de interés por “ser un veredicto final sobre la conveniencia de la opción de GNE” (Generación Núcleo-Eléctrica). También plantea que “corresponderá a la sociedad en su momento tomar la decisión” (…).
Otro punto interesante que aborda el documento es la escasez que habrá, en algunos años, de combustibles fósiles. Por ello se haría aún más importante buscar nuevas fuentes energéticas. Por otro lado, se pueden leer algunas proyecciones de demandas. “En los últimos 20 años, el consumo global de energía en Chile se ha expandido a una tasa anual en torno al 5,5%”. Esto es levemente superior a la tasa de crecimiento que muestra nuestra economía.
Y continúa: “En el mismo período, el aumento anual promedio del consumo de energía eléctrica ha sido de un 7,5% aproximadamente”. Considerando estas tasas, “el país ha debido duplicar su capacidad de suministro eléctrico aproximadamente cada 10 años”. En otras palabras, Chile va a necesitar mucha más energía en el futuro. El estudio también concluyó que, a pesar de los riesgos sísmicos existentes en nuestro país, no habría mayores problemas.
Si uno sigue analizando el texto, en la página 11 se encontrará con lo siguiente: “El componente principal del combustible de
Más adelante, en la página 13, se hace una breve descripción del funcionamiento de un reactor. Es importante tenerlo en consideración. “La GNE es una tecnología que permite transformar la energía contenida en la materia nuclear, por ejemplo mediante la ruptura (fisión) de núcleos atómicos, en energía eléctrica”.
Luego se lee: “Un reactor donde esta transformación tiene lugar es, esencialmente, un calentador de agua que produce vapor con el cual se puede mover la turbina. En el núcleo del reactor, se encuentra el combustible –en este caso el uranio- sumergido en agua, la que sirve al mismo tiempo para moderar la energía de los neutrones emitidos por la reacción en cadena, y para transferir el calor a la turbina”.
Algunos datos
En América Latina hay tres países que poseen tecnología para generar energía núcleo-eléctrica. Estos son México, Brasil y Argentina. El 5% de la energía generada en el país azteca proviene de la mencionada fuente nuclear. En Brasil la cifra es cercana al 3% y en la nación trasandina es de un 8%. En el norte del continente también están Canadá y los Estados Unidos, con un 15% y 19% respectivamente.
En Europa, el 40% de la electricidad proviene de fuentes atómicas. Los principales países del viejo mundo que participan de este porcentaje son Francia (79%), Alemania
Hoy día existen 440 reactores en funcionamiento. Juntos entregan el 16% de la totalidad de energía que se genera en el planeta. Hay cerca de 30 más en construcción y un número similar en proyecto. Lo que está claro es que el uso de energía nuclear está en aumento. De hecho, el interés de nuestro país no es más que una manifestación clara de ello.
La vida útil de una central varía según la calidad de sus componentes, pero en general se habla de 50 años. A Chile, un país que estaría entrando recién al negocio, una central de 1.600 Mw le costaría 2.500 millones de dólares.
Análisis y alternativas
Algunos países no tienen dentro de sus fronteras otros tipos de recursos energéticos y por ello han optado por la generación de energía nuclear. El docente de la UACh Gustavo Rodríguez, arquitecto y doctor en energía y medio ambiente en la arquitectura dice que Chile “es el país que tiene mayores potencialidades geotérmicas en el mundo”, la energía de la tierra. Para él, esta ventaja debería aprovecharse. Esta es más limpia, pero en términos de capacidad tecnológica como para explotarla resulta ser un problema. En nuestro país hay “más de 3.000 volcanes activos”. En ese sentido, Chile es “uno de los países del mundo con mayor potencial geotérmico”, explica.
Agrega que, además, nuestro territorio tiene una de las radiaciones solar más altas del mundo, lo cual también entrega la posibilidad de generar energía solar. “En el desierto de Atacama se irradia energía los 365 días del año”, dice. Pero el gobierno prefiere optar por una tecnología externa y altamente contaminante. Según Rodríguez, “ningún país que produce energía atómica se queda con sus residuos. Éstos se van a enterrar al África”, comenta.
Desde esa perspectiva, el uso de energía atómica es poco ético. Esto lo afirma el docente del Instituto de Geociencias de la UACh (Universidad Austral de Chile), Dr. Carlos Oyarzún, para quien esto “implica dejarle a las generaciones futuras basura radioactiva” y para eso “no tenemos derecho a hacerlo. Los desechos radioactivos duran cientos de años”. Para Oyarzún, la opinión pública tendría que integrarse a la discusión. “Debiera haber una información más amplia” sobre el tema. Va más allá: “Incluso un referéndum por la importancia que tiene” el tema en cuestión. “Eso se hizo en Inglaterra y hubo un debate público”, explica.
Para él, acá en Chile “casi nadie puede opinar porque el gobierno no ha dado a conocer el documento que entregaron las organizaciones ambientalistas y el que ellos mismos encargaron”. Agrega que “las comunidades locales no tienen poder de decisión” y, además, “no se ven beneficiadas por este estilo de desarrollo energético” que lleva el país.
Oyarzún afirma que los grandes consumidores de energía son la minería y la industria. Ambos sectores en conjunto utilizan el 60% de la energía que se genera en el país. Las políticas energéticas “están encaminadas a satisfacer esa demanda”, afirma. Ejemplifica agregando que a “la décima primera región de Aisén la quieren convertir en la pila del país”. Respecto de políticas distintas de las que hoy existen, dice no creer en que el gobierno vaya a implementarlas. “Creo que el sistema energético sigue el camino del esquema económico. Eso define la matriz energética”, explica.
Oyarzún concuerda en que la existencia de políticas que impulsen el uso de energías alternativas sería algo positivo. “Se debiera impulsar el desarrollo de energías como la eólica o la solar”, comenta. Reconoce que “quizás podría ser más caro, desde el punto de vista económico. Las otras energías (convencionales) tienen externalidades ambientales”
Rodríguez también cuestiona las políticas energéticas de nuestro país. “Estamos dependiendo del gas argentino y del crudo proveniente de otras partes. La idea es independizarse. Chile siempre está dependiendo de un elemento externo”, afirma. Y complementa diciendo que en Chile “debieran haber políticas de eficiencia energética. El 60% de la energía que tenemos la desperdiciamos”. Estos datos están basados en un trabajo hecho por el académico Pedro Serrano de la Universidad Federico Santa María. Tomando datos estadísticos de la CNE (Comisión Nacional de Energía), Serrano llegó a la conclusión de que en nuestro país se hace “uso útil solamente del 37% de la energía, y que sus pérdidas alcanzan el 63%”.
Para Rodríguez, nuestro país debiera tener sistemas energéticos más autónomos. “Apostamos por la concentración”, explica. Entrega un ejemplo: “En Noruega se opta por una capacidad a nivel local. Hay más de 160 plantas energéticas dentro del territorio y no tengo 5 grandes represas”, como en Chile. “Eso significa que si una me falla, lo que se afecta es mucho menor”. En cambio en nuestra nación, si hay “una falla en el SIC (Sistema Interconectado Central), el país queda prácticamente sin energía”. Concluye que esto se debe a “una falta de planificación”.
Respecto de posibles accidentes, Rodríguez explica que “la tecnología nuclear está bastante avanzada”, por lo tanto “es muy remota la posibilidad de una falla como la de Chernobyl” ocurrido en la ex Unión Soviética en el año 1986. Afirma que los daños medioambientales son considerables. “El residuo nuclear tiene una duración de 50.000 años, generando un impacto radioactivo. El daño se produce más bien con lo que sobra”, comenta.
En la práctica el proceso es limpio y eficiente, pero los residuos que deja son los perjudiciales. Para Rodríguez “si pudiéramos hacer desaparecer los residuos no habría problema”. Rodríguez concluye diciendo que “hay muchas fuentes más limpias como la eólica, solar o mareomotriz. Los países nórdicos son los más desarrollados en energía solar y tienen una radiación inferior a la de Punta Arenas”, el lugar más austral del mundo.
Por su parte Miguel Salguedo, ingeniero en prevención de riesgos dice que “ahora no están las condiciones dadas” como para instalar una planta nuclear. Explica que “el uranio es un mineral sumamente peligroso y por lo tanto se necesitan medidas muy extremas”. Complementa que “el almacenamiento y sus procedimientos son muy complejos”, por lo tanto “habría que capacitar mucho personal antes de traer o trabajar con uranio”.
Salguedo tiene una visión similar a la de Rodríguez respecto de la posibilidad de generar energías alternativas. Explica que “hay bastantes opciones mejo
Por otra parte, Salguedo comenta que “la legislación tendría que cambiar” y, además, generar “medidas de seguridad pertinentes”. Hay una pregunta interesante que vale la pena hacer: Qué opción es mejor, ¿la energía nuclear o las represas en Aysén? Salguedo responde categóricamente que “ninguna de las dos, porque ambas generan un daño ambiental”. Respecto de la posibilidad de accidentes nucleares, responde que es posible porque “en las actividades humanas siempre hay un porcentaje de riesgo”.
La independencia energética es un argumento que suena fuerte. Salguedo pone en entredicho esta afirmación. En Chile igual “habría una dependencia por el hecho de tener que adquirir el uranio a un tercero”. Además el mineral “es un recurso no renovable”, por lo tanto “hay una existencia limitada de éste”. Concluye diciendo que “lo más coherente sería utilizar los paneles fotovoltaicos y así generar energía solar”.
Miguel Ángel Negrón Oyarzo
Nota. Esto fue redactado en diciembre del año 2007
Nota. Esto fue redactado en diciembre del año 2007
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